La soledad tiene sus autogobiernos.
Presume de una autonomía y tiene cierta potestad sobre otros estados.
Domina a la pena y a la tristeza como si las tres formaran una comunidad.
No vienen aisladas. No viven aisladas.
La soledad es autarquica, se autoabastece a sí misma.
No necesitas de las comodidades externas.
Vive guiada por el principio del ser desértico.
La soledad es un eterno retorno. Siempre lo mismo.
Una y otra vez. Una y otra vez.
viernes, 28 de febrero de 2014
Hay palabras...
Hay palabras que nos besan satisfechas en la boca.
Hay palabras que nos saben escuchar.
Hay palabras tan doloridas.
Hay palabras perdidas. Las que no se dicen.
Hay palabras que no entienden de poetas.
Hay palabras que son mis desventura.
Hay palabras que se quedan en el pecho y viene la amargura.
Hay palabras secretas. Palabras nocturnas.
Hay palabras enfermas, se contagian.
Hay palabras solo para la lluvia. Esa son las que mojan.
Hay palabras para dejar de estar cansada.
Hay palabras que solo se dicen en mi tierra.
Hay palabras que solo pueden cantarse, escupirse, vomitarse o cagarlas.
Hay palabra palíndromas.
Hay palabras que se coleccionan.
Hay palabras que nos saben escuchar.
Hay palabras tan doloridas.
Hay palabras perdidas. Las que no se dicen.
Hay palabras que no entienden de poetas.
Hay palabras que son mis desventura.
Hay palabras que se quedan en el pecho y viene la amargura.
Hay palabras secretas. Palabras nocturnas.
Hay palabras enfermas, se contagian.
Hay palabras solo para la lluvia. Esa son las que mojan.
Hay palabras para dejar de estar cansada.
Hay palabras que solo se dicen en mi tierra.
Hay palabras que solo pueden cantarse, escupirse, vomitarse o cagarlas.
Hay palabra palíndromas.
Hay palabras que se coleccionan.
Ahora
El principio activo de cualquier acción es la necesidad.
Si, necesitamos.
Hay que saber decirlo e ir siempre de frente.
Ser un alma caliente.
Varios sueños y utopías persistentes.
Hay que tener la certeza de poseer cierta destreza.
Ser verdad.
Déjate viajar.
Tu y el miedo, el miedo y tu.
Abrevia, apaga la luz.
Y ven a darme un beso.
Si, necesitamos.
Hay que saber decirlo e ir siempre de frente.
Ser un alma caliente.
Varios sueños y utopías persistentes.
Hay que tener la certeza de poseer cierta destreza.
Ser verdad.
Déjate viajar.
Tu y el miedo, el miedo y tu.
Abrevia, apaga la luz.
Y ven a darme un beso.
El origen de mis coordenadas
Un solo punto de partida.
Dos coordenadas y un mismo eje.
Yo misma.
Soy una caprichosa de la equidistancia.
Soy una caprichosa de la igualdad.
Soy una caprichosa de las abscisas y ordenadas.
Escalo a mi antojo cualquier coordenada.
Manejo el rumbo con la misma soltura que un maníaco ahoga sus manías.
Me pierdo en el ángulo entre el norte y la dirección marcada.
Soy presa del acimut del medio día.
Ahora si!
Ahora dibujo en mi cuerpo.
Dibujo los puntos de referencia y describo las medidas de mi posición.
Dibujo mis elevaciones y profundidades.
No solo el relieve es mi dimensión.
Dos coordenadas y un mismo eje.
Yo misma.
Soy una caprichosa de la equidistancia.
Soy una caprichosa de la igualdad.
Soy una caprichosa de las abscisas y ordenadas.
Escalo a mi antojo cualquier coordenada.
Manejo el rumbo con la misma soltura que un maníaco ahoga sus manías.
Me pierdo en el ángulo entre el norte y la dirección marcada.
Soy presa del acimut del medio día.
Ahora si!
Ahora dibujo en mi cuerpo.
Dibujo los puntos de referencia y describo las medidas de mi posición.
Dibujo mis elevaciones y profundidades.
No solo el relieve es mi dimensión.
miércoles, 26 de febrero de 2014
La dulce curva loxodrómica .
" Empecemos por los mapas. Pues incluso en los mapas hemos encontrado una manera de expresar nuestros sentimientos. Dividimos el mundo entre lo que llamamos 'continentes', le damos la deforme proyección esférica. El poder mortal de la 'linea recta' y la necesidad de 'cuadrar' el universo. "
¿Crees que esa geometría no reprime la tierra?, los occidentales nacemos entre escuadra y cartabón.
La sinuosidad natural con la que se erige la tierra invita a no ser imaginada. No son imaginarias, ni tampoco cortan, atraviesan.
***
Los meridianos dictan mi rumbo. La fuerza electromagnética que los dibuja, me guía. Desecho y prescindo de cualquier forma de orientación moderna. Me hecho a la mar con la única ayuda de mi brújula y de tu antiguo mapa. A la antigua usanza. Trazo el camino mas corto que une mi origen con mi destino. Y contemplo una vida que tiene la paciencia de esperarme. Una vida que aguarda por mi.
*
Existe otra posibilidad.
Seguir una trayectoria que siempre se dirija en la misma dirección. La distancia es mas larga pero mi navegación es más sencilla. Una trayectoria loxodrómica, un mismo rumbo que corta todos los meridianos terrestres.
*
Existe otra posibilidad.
Enrollarme en la superficie como una enorme serpiente y trazar espirales al rededor de los polos sin llegar a alcanzarlos nunca.
*
Ay! si la tierra fuera plana.
Existiría otra posibilidad.
¿Crees que esa geometría no reprime la tierra?, los occidentales nacemos entre escuadra y cartabón.
La sinuosidad natural con la que se erige la tierra invita a no ser imaginada. No son imaginarias, ni tampoco cortan, atraviesan.
***
Los meridianos dictan mi rumbo. La fuerza electromagnética que los dibuja, me guía. Desecho y prescindo de cualquier forma de orientación moderna. Me hecho a la mar con la única ayuda de mi brújula y de tu antiguo mapa. A la antigua usanza. Trazo el camino mas corto que une mi origen con mi destino. Y contemplo una vida que tiene la paciencia de esperarme. Una vida que aguarda por mi.
*
Existe otra posibilidad.
Seguir una trayectoria que siempre se dirija en la misma dirección. La distancia es mas larga pero mi navegación es más sencilla. Una trayectoria loxodrómica, un mismo rumbo que corta todos los meridianos terrestres.
*
Existe otra posibilidad.
Enrollarme en la superficie como una enorme serpiente y trazar espirales al rededor de los polos sin llegar a alcanzarlos nunca.
*
Ay! si la tierra fuera plana.
Existiría otra posibilidad.
lunes, 17 de febrero de 2014
La ducha
Llegué en una noche calmada.
Hacía cierto relente en el ambiente.
Una humedad desconocida me recibía.
Las ropas se pegaron a mi cuerpo con la misma rapidez con la que se genera el vacío.
Los poros exudaron agua, ganas tenia la piel de vaciarse, de descargarse. A veces pesa tanto todo.
Los pequeños cráteres de mi cuerpo se conviertes en grandes mares, grandes mares que pueden albergar cualquier jugo.
***
Lo único que recuerdo es haberle tapado los ojos con un trozo de tela que arranqué, creo que de una de las ventanillas del tren que nos acercó a Machico. Bendigo y Maldigo el vino de madeira.
Todo me daba vueltas, yo giraba en el otro sentido solo por llevar la dulce contraria. Siempre se me dio bien eso de salirme con la mía. Encendí la veterana radio que el anfitrión tuvo el detalle de dejarme en el cuartucho.
Ese viejo aldeano sabia que la música amansa. Acerté a girar la manilla y sintonizar alguna buena frecuencia.
Zas! Suena Cherish the day- Sade. Un ardor recorre mi estómago. Mis venas se dilatan aun mas. Empiezo a sudar. Un calor inmenso me nace desde los pies hasta la nuca. Mi instinto es buscar algo líquido. Algo que sacie mi primer deseo. Prefiero algo de alcohol pero la última botella del restaurante nos la fuimos bebiendo a medias entre el tren y las inmensas,incalculables, grandiosas, infinitas, colosales, exorbitantes, gigantescas, ilimitadas, incontables, innumerables montañas de la isla.
Entre mi estado ebrio y achispado, la acertada música, el paraje tropical, ese hombre que andaba fielmente con los ojos vendados y mi deseo de liquido. Estaba muy excitada. Dancé hacia él con el ritmo de Sade. Baile cerca, pegué mi cuerpo ante el suyo. Le rodeé con mis brazos por el cuello. Le mordí el labio con la intención de marcarle un nuevo destino.
Esta vez iba a por mi propia cascada. La ducha. La ducha era una canaleta de caña y la boca de la misma una muy lograda alcachofa de plástico de botella agujereada. Até la cuerda a mi muñeca que era el mecanismo que activaba aquella obra de ingeniera. La gravedad hacia lo demás. Él llevaba unos vaqueros desgastados que le sentaban de vicio y una camiseta ocre. Lo agarré fuerte, lo metí en la ducha y accioné la cascada. El agua era dulce, tenia cuerpo. Nos empapó de inmediato. El desvistió sus ojos. Se lanzó a mi boca y con ágil desesperación me arrancó el vestido. Acarició todo mi cuerpo. Asegurándose de que estuviera bien mojada. Enjabonó sus manos que luego fueron a parar por todo mi cuerpo, se deleito en mi detallado coño, con tal amor inicio el juego que creí casi haberme estremecido. Siguió por largo rato acariciando el centro de mi cuerpo. Besé y mordí con fuerza su boca, hombro, brazo...me fundí con toda aquella magia de agua y energía.
En un gesto brusco le arrebaté la camiseta y lamí todo su torso, le absorbí con pequeños besos.
Desabroché el cinturón y con suma paciencia fui desabotonando el vaquero. Antes de que cayera, enlacé mi mano en su pene. Incliné mi cuerpo hasta hacerme del suyo. La canaleta expulsó agua con mas intensidad, golpeándonos. Mi boca se abrió paso por aquel reguero. Lamí de principio a fin todo lo que él me había mostrado. Le sorbí. Quería consumirlo entero. Me recreé también por largo tiempo. Nunca tuve prisas en hacer lo que me gusta.
Hacía cierto relente en el ambiente.
Una humedad desconocida me recibía.
Las ropas se pegaron a mi cuerpo con la misma rapidez con la que se genera el vacío.
Los poros exudaron agua, ganas tenia la piel de vaciarse, de descargarse. A veces pesa tanto todo.
Los pequeños cráteres de mi cuerpo se conviertes en grandes mares, grandes mares que pueden albergar cualquier jugo.
***
Lo único que recuerdo es haberle tapado los ojos con un trozo de tela que arranqué, creo que de una de las ventanillas del tren que nos acercó a Machico. Bendigo y Maldigo el vino de madeira.
Todo me daba vueltas, yo giraba en el otro sentido solo por llevar la dulce contraria. Siempre se me dio bien eso de salirme con la mía. Encendí la veterana radio que el anfitrión tuvo el detalle de dejarme en el cuartucho.
Ese viejo aldeano sabia que la música amansa. Acerté a girar la manilla y sintonizar alguna buena frecuencia.
Zas! Suena Cherish the day- Sade. Un ardor recorre mi estómago. Mis venas se dilatan aun mas. Empiezo a sudar. Un calor inmenso me nace desde los pies hasta la nuca. Mi instinto es buscar algo líquido. Algo que sacie mi primer deseo. Prefiero algo de alcohol pero la última botella del restaurante nos la fuimos bebiendo a medias entre el tren y las inmensas,incalculables, grandiosas, infinitas, colosales, exorbitantes, gigantescas, ilimitadas, incontables, innumerables montañas de la isla.
Entre mi estado ebrio y achispado, la acertada música, el paraje tropical, ese hombre que andaba fielmente con los ojos vendados y mi deseo de liquido. Estaba muy excitada. Dancé hacia él con el ritmo de Sade. Baile cerca, pegué mi cuerpo ante el suyo. Le rodeé con mis brazos por el cuello. Le mordí el labio con la intención de marcarle un nuevo destino.
Esta vez iba a por mi propia cascada. La ducha. La ducha era una canaleta de caña y la boca de la misma una muy lograda alcachofa de plástico de botella agujereada. Até la cuerda a mi muñeca que era el mecanismo que activaba aquella obra de ingeniera. La gravedad hacia lo demás. Él llevaba unos vaqueros desgastados que le sentaban de vicio y una camiseta ocre. Lo agarré fuerte, lo metí en la ducha y accioné la cascada. El agua era dulce, tenia cuerpo. Nos empapó de inmediato. El desvistió sus ojos. Se lanzó a mi boca y con ágil desesperación me arrancó el vestido. Acarició todo mi cuerpo. Asegurándose de que estuviera bien mojada. Enjabonó sus manos que luego fueron a parar por todo mi cuerpo, se deleito en mi detallado coño, con tal amor inicio el juego que creí casi haberme estremecido. Siguió por largo rato acariciando el centro de mi cuerpo. Besé y mordí con fuerza su boca, hombro, brazo...me fundí con toda aquella magia de agua y energía.
En un gesto brusco le arrebaté la camiseta y lamí todo su torso, le absorbí con pequeños besos.
Desabroché el cinturón y con suma paciencia fui desabotonando el vaquero. Antes de que cayera, enlacé mi mano en su pene. Incliné mi cuerpo hasta hacerme del suyo. La canaleta expulsó agua con mas intensidad, golpeándonos. Mi boca se abrió paso por aquel reguero. Lamí de principio a fin todo lo que él me había mostrado. Le sorbí. Quería consumirlo entero. Me recreé también por largo tiempo. Nunca tuve prisas en hacer lo que me gusta.
Las ruinas
Las ruinas tienen su aquél.
Los sillares arenosos, superpuestos unos sobre otros a modo de torre de babel.
La lenta danza que alcanza el musgo en la vieja piedra.
Admiro la firmeza y constancia de las columnas que se erigen orgullosas.
Admiro casi cualquier cosa que vive firme.
Me gusta el polvo, mancharme sin escrúpulos, retozarme.
*
Asomé mi desnudo cuerpo cubierto de un velo blanco.
Mi cabello lucia lacio. Mis andares marcaban un ritmo.
Tu eras el compás de cada paso. No me importa tropezar.
Mis pies descalzos sorteaban piedras derrumbadas.
Llegué a un altar azul descolorido. Un arco abatido me coronaba.
Me tumbe en él. Ofreciéndome.
Tus manos auscultaban cada rincón de mi cuerpo.
Olías, olías mi piel.
Era increíble ver tu mano hacerse camino bajo el vaporoso tejido.
El indicio, tu primera manifestación de querer tomarme.
El vaho que sale tu boca, me es un soplo de goce.
Haces arquear mi espalda.
Los sillares arenosos, superpuestos unos sobre otros a modo de torre de babel.
La lenta danza que alcanza el musgo en la vieja piedra.
Admiro la firmeza y constancia de las columnas que se erigen orgullosas.
Admiro casi cualquier cosa que vive firme.
Me gusta el polvo, mancharme sin escrúpulos, retozarme.
*
Asomé mi desnudo cuerpo cubierto de un velo blanco.
Mi cabello lucia lacio. Mis andares marcaban un ritmo.
Tu eras el compás de cada paso. No me importa tropezar.
Mis pies descalzos sorteaban piedras derrumbadas.
Llegué a un altar azul descolorido. Un arco abatido me coronaba.
Me tumbe en él. Ofreciéndome.
Tus manos auscultaban cada rincón de mi cuerpo.
Olías, olías mi piel.
Era increíble ver tu mano hacerse camino bajo el vaporoso tejido.
El indicio, tu primera manifestación de querer tomarme.
El vaho que sale tu boca, me es un soplo de goce.
Haces arquear mi espalda.
domingo, 16 de febrero de 2014
La pintora.
Era la segunda vez
que entraba en su casa.
Me gustaba la tonalidad
que desprendía. Era sencilla y acogedora.
Nos fuimos directos a
la cocina. Era amplia, con una caldera que me hizo recordar la casa de mi
abuela. Abrió una de las puertas bajo la encimera. Saco una botella de un verde
radiactivo, dos tazas, un poco de hielo y me condujo a su habitación.
Dios!! era una mujer
desordena, había ropa encima de la cama, sobre su escritorios muchos papeles,
pinceles y tubos de colores, unas estantería repleta de libros, cuadernos y una
vaso con posos de té. Mientras ella servía aquel licor semejante al plutonio
liquido. Yo indagaba y espiaba el entorno. Olía a cítrico. Su habitación
conducía a un patio lleno de limoneros.
Un gato mestizo subió
de un salto en la cama. Quedó mirándome fijamente como si estuviera advirtiéndome.
Acerqué mi mano para que pudiera reconocerme pero mi olor seguramente ya se habría
anunciado desde mucho antes.
Era una mujer
misteriosa con una fragilidad desenmascarada pero me gustaba.
La cogí por la
cintura y empecé a rozarme tras ella. Ella giró su cuello y beso un lado de mi
boca. Fue un beso refrescante. Seguí por largo tiempo deleitándome del roce,
olí su pelo, le mordisqueé la nuca y salivé su espalda.
Mis manos permanecían
en su cintura, hundía mis dedos sobre los huesos de su cadera. Tenía un cuerpo
firme. Le di la vuelta y la senté sobre
la silla. Le quité el zapato. Me recreé en masajear sus pies. Di un
sorbo de la taza. Pase mi lengua emborrachada por cada hueco de los pequeños
deditos. Tenía pies menudos y preciosos. En el gran dedo tiene un anillo
tatuado. Seguía por su tobillo, me
detenía en sus gemelos dando circulares movimientos, alcancé su rodilla la cual
mordisqueé sin piedad, llegué a sus muslos en los cuales me retuve tanto
tiempo.
Notaba la excitación
de ella, antes de sobrepasar sus piernas, paré. Me levanté para rellenar las
tazas. Quería llevarla al equilibrio entre la excitación y el desasosiego.
- Noooo- susurró.- No
pares.
No pude evitar el
reírme.
Empecé con el otro
pie, le descalcé e inicié vertiéndole licor sobre el empeine, con un gesto
acelerado lo absorbí, devorando cada dedo. Subí mordisqueándola. Alcancé de
nuevo la rodilla, esta vez dio un grito, fue un muerdo exagerado. Me estacioné
por largo tiempo en sus muslos. Pasaba de la ternura al magreo, intercambiando
el ritmo. A veces la besa, otras la mordía, otras hundía mi cara en ellos. Di
un lametazo a sus braguitas. Tenía la lengua casi tan dura como mi polla. Su
respiración se aceleró y por ese instante sus dedos se clavaron en mis hombros.
Volví a pasarle la lengua entre la hendidura de su coño, su olor era mezcla de
varias especias que me transportaron a tierras arábigas. Mirando sus rasgados y
excitados ojos le arranqué las bragas sin dudarlo. Exaltó un bullicioso y
profundo gemido. Relamí todo en ella. Me encantaba verla rozarse sobre la cama,
como se balanceaba en mi boca, seguí lengüeteándola.
Me cogió por la
mandíbula con sus manos y me elevó hacia
su boca, me besó, me chupaba los labios. Quería saber a que sabían sus
entrañas. Besé sus pechos que pronto reaccionaron al sentirme cerca. Divisé
junto a ella un tubo de pintura. Sin vacilar me serví un poco de la pintura en
la mano y desde su boca hasta la entrada de su coño dibuje un línea. Su piel se
erizó. Volví a rellenar mi dedo y marqué el contorno de sus pechos con rojo
tierra. Me tumbé sobre ella. No solo calcándome sus trazos. Compartimos la
excitación y deseaba meterle la polla tan adentro que quería verla gritarme
otra vez que no parase. Rozábamos nuestro cuerpo como cerdos en el barro.
Seguía dibujando por
su piel las huellas de la mía. En un gesto brusco no pude evitarlo y la
penetré, profundicé dentro de ella. En unos segundos nos quedamos inmóviles.
Los cuerpos se volatilizaron. Su cuerpo fue el primero en reaccionar suplicando
las sacudidas del mío. Entraba una y otra vez dentro de ella. Una y otra vez.
Una y otra vez.
El ritmo alcanzó
tantas tonalidades diferentes. El placer es desmesurado cuando se comparte.
La cena
- Me gustan tus manos, son grandes y ásperas.- Murmuré
acompañada de una carcajada. Le di un sorbo al vino.
- Son manos
normales.- me respondió mientras se las miraba.
- Se puede saber
mucho de una persona con tal solo mirar sus manos.- le sonreí.
-Así? Y que dicen las
mías?- retándome.
- Eres…- mientras le
daba vueltas a sus manos.- Eres desconfiado pero arriesgado, bondadoso, y
quizás algo solitario, tus manos son duras. Tu también.-
Seguí observándole
una de las manos, la otra se escapó bajo la mesa hasta alcanzar mi muslo. Su
mano acaparó todo el ancho de mi pierna. Desabrochó sin quererlo una de las
tiras que amarraba mi media.
- Y que mas soy…- me
demandó mientras clava sus ojos en los míos. Entretanto su ávida mano se
acercaba más al centro de mi cuerpo.
- Voraz, ambicioso,
insaciable.- declaré tras un largo suspiro.
Su mano se adhería
cada vez más a mi pierna, la fuerza de su trayectoria me enrojecía la piel. Sus
dedos dieron un salto de atleta hasta colarse por dentro de mis braguitas.
Yo arqueé mi espalda
para facilitarte la aproximación de mi coño. Y allí en medio del salón del
restaurante bajo la mirada de las tres nerviosas y cínicas mesas me corrí en su
vasta y ancha mano.
Uno de los maitre se
acercó y nos invitó a marcharnos.
Me agarraste de la
mano y salimos corriendo y riendo. Me sentí libre, humana, animal y lo salvaje
de mis ancestros se arremolinaron en mi vientre.
- Y ahora que te
dicen mis manos?- decia mientras manoseaba mis pechos y besaba mi cuello.
INTRUSA
Llegué a casa algo
más tarde que de costumbre.
Encendí la TV, cogí
una manzana y me senté en el sofá. Agarré un libro que pronto volví a soltar. Y
me quedé ensimismado. Terminé de comer la manzana y fui a dormir.
Entró en mi cama con
un silencio y una escurridiza valentía.
No tenía la costumbre
de dormir con camiseta pero esa noche no me la quité.
Sentí su aliento en mi nuca.
Di una gran sacudida.
Me encontré con su
mano que me impedía volver la cabeza y no pude acertar quien era. Me tranquilizó
saberla mujer. Sus frías manos se iban atemperando a medida que acariciaba mi
brazo.
Le pregunte que quien
era. Ella solo mandaba callarme. Susurraba en mi oído. La punta de sus lengua
dibujaba fractales formas en mi oreja. Empecé a excitarme. Su olor corporal era
fuerte. Me mordisqueaba el cuello. Estaba desnuda. Sus pechos se hundían en mi espalda, su
pelvis se fundía con todo mi cuerpo. Me
bailaba.
Intenté varias veces
darme la vuelta para verla pero eran malogrados intentos.
Sus manos esbozaban
caricias en mi pecho. Sus manos se atrevían a cruzar las fronteras de mi
ombligo, hasta llegar a mi duro y febril miembro. Dios! Mis pupilas se
dilataron. Su mano seguía dando vida a mi sexo. Su boca babeaba mi cara,
cuello, hombro. Me mordía fuerte. Quería besarla. No vacilé ni un segundo y me
giré. La cogí fuerte y la volqué sobre mí. Me quedé paralizado al revelar quién
era. Mi agitación era tan intensa que lo único que acerté era hundirme dentro
de ella.
S I N E S T E S I A
Rasco la pared y huelo el color rojo que la envuelve y el piano de Jazz de New Orleans que suena en la radio me sabe en la boca, como si acabara de lamerlo.
Hoy es jueves, un jueves verde.
Y como todos los jueves me acerco al museo.
Hoy, una nueva exposición, las ilustraciones se convierten en visiones que me tocan, siento como me presionan el tobillo, como me zandarean el pelo y subsurran palabras ilegibles. Casi tropiezo con una erguida escultura que me guiña el ojo.Hoy es jueves, un jueves verde.
Y como todos los jueves me acerco al museo.
Camino por las mismas calles de siempre y la música que sale de mis cascos se presenta como formas geométricas...triángulos deformes, círculos numéricos y cuadrados exactos.
Lo ves?
Vivo en una psicodelia permanente.
Vivo en una psicodelia permanente.
Son las 00:03 y concibo al cero como blanco y al tres como fucsia.
Ver la hora es contemplar un continuo arco iris.Tocar las cosas o escuchar palabras es como golpearme por todas partes, como si la lluvia me cayera por la piel. Es increíble.
Puedes acariciarme y quizás si te concentras también puedes mojarte.
Huir
Salí corriendo.
Subí las escaleras y dejé todo aún por hacer.
Despojé los pies de unos zapatos que los hacían preso.
Me desnudé con la velocidad que marca mi pulso acelerado.
Huí hacia la lluvia que caía.
Me tumbé en las baldosas de barro.
El suelo resbalaba,
la lluvia lubricaba el liquen verde que lo envolvía.
Me revolqué, me revolví, me retocé, me rocé por todo el suelo de la azotea.
Dejaba calarme hasta lo más hondo.
Bauticé a mi cuerpo, como si fuera la primera vez que me dejaba mojar.
Era una lluvia cálida.
El suelo resbalaba,
la lluvia lubricaba el liquen verde que lo envolvía.
Me revolqué, me revolví, me retocé, me rocé por todo el suelo de la azotea.
Dejaba calarme hasta lo más hondo.
Bauticé a mi cuerpo, como si fuera la primera vez que me dejaba mojar.
Era una lluvia cálida.
Estaba estremecida,
la piel estaba completamente erizada,
mis pezones se hacían más duros, me dolían los pechos.
La lluvia recobró mayor intensidad cuando apareciste con cara de fascinado.
Parece que te hubieras sincronizado con ella.
No dudaste en acompañarme.
Vi a través de la cortina de agua como venias hacia mi,
tan ricamente mojado, húmedo, calado, regado.
Tu cuerpo era bruto.
la piel estaba completamente erizada,
mis pezones se hacían más duros, me dolían los pechos.
La lluvia recobró mayor intensidad cuando apareciste con cara de fascinado.
Parece que te hubieras sincronizado con ella.
No dudaste en acompañarme.
Vi a través de la cortina de agua como venias hacia mi,
tan ricamente mojado, húmedo, calado, regado.
Tu cuerpo era bruto.
Subí con los brazos en cruz, mirando al cielo, con la boca tan abierta como para beberme toda aquella lluvia.
Me cogiste de la cintura y me impulsaste hacia arriba me resbalé un poco sobre ti,
Atinaste a impulsarme de nuevo hacia ti,
tan fuerte que ahí,
en la azotea,
con la ropa tendida,
con la lluvia zumbándonos, me poseíste.
Me cogiste de la cintura y me impulsaste hacia arriba me resbalé un poco sobre ti,
Atinaste a impulsarme de nuevo hacia ti,
tan fuerte que ahí,
en la azotea,
con la ropa tendida,
con la lluvia zumbándonos, me poseíste.
No me di cuenta.
No recordaba que siempre huyo y que siempre sales en mi busca.
No recordaba que siempre huyo y que siempre sales en mi busca.
Otros cantos
Tengo bajo la cama, a la altura del cabecero, una buena
botella de orujo de hierbas.
Me hace entrar en calor y pensar más lento, con tan solo un
sorbo todo se ve con mejores detalles, se me agudiza el tacto y mi gusto se
acelera.
Hay un gran ventanal en la habitación, una tela roja a modo
de cortina da una tonalidad rojiza a su desnudo cuerpo. Me gustan las mujeres.
Me gustan las mujeres salvajes, libres y que follen. Mujeres buscavidas. Corría
el año 1931. Eran tiempos difíciles para conseguir un trabajo, pero nunca me
faltó alcohol, rapé y mujeres.
Por aquel año yo alcanzaba los 48 de edad pero mi talante
siempre fue jovial y firme. Los inviernos franceses no eran piadosos. Salí a
conseguir algunos francos. Fui al café de Margaritte, era una mujer voluptuosa.
Sus pechos podían alimentarnos a todos. Era guapa, a su manera. Saludé a los de
siempre, tomé mi copa y miré el reflejo del espejo que colgaba frente a mí.
Vislumbre un cuerpito envuelto en un abrigo de paño marrón oscuro. Horrible y
poco apropiado para aquella jovencita. Me acerqué para verla más de cerca. No
pude balbucear nada, iba decidido a bromear con su abrigo. Me frené en seco,
tenía el rostro embarrado y su olor no era perfume. Aquella mujercita ni se
musito de mi presencia al sentarme en la banqueta de al lado. Hice un gesto a
Margaritte. Me puso dos copas. Con cuidado le acerque una a la joven. Giró su
sucia cara hacia mi y en un suspiro engullo todo el orujo.
-Hace frío- me silbó la joven justificando su ansia.
-¿Qué le ocurrió a tu cara?- le pregunté.
- ¿Y a la tuya?- replicó.
Apuré mi copa, bromeé acerca de su atuendo y le pregunté si
querría una ducha caliente y ropa seca, podría acompañarme.
Pagué a Margaritte y salí.
Al minuto intuí que me seguía. Sus andares eran como los
últimos pasos de un suicida, su mirada verde quedaba atrapada en el suelo.
Tenía un alma triste, desoladora. Pero era bonita. Subí las empinadas escaleras
que conducía aquel cuartucho que tenía alquilado.
Deje la puerta abierta. Encendí el candil, serví dos tragos
y saque de la vieja maleta ropa que ya vivía allí antes que yo.
Al entrar en la habitación, antes de soltar su maleta,
estudio el espacio.
Yo permanecía junto al ventanal. Era una mujercita curiosa.
Le di la ropa, el trago y la conduje hacia el baño. Intentó encajar la puerta
pero era una casa vieja y corroída. Entre la ranura de la puerta, se adivinaba
el ritual de dejarse caer la ropa. No pude evitar el excitarme al imaginar su
cuerpo. Me serví otro trago. Y me tumbe en la cama.
Como cambia una mujer cuando se la cuida. Era hermosa
chiquilla, tendría unos 24 años.
-El agua, sin duda hace milagros.- confesé
Ella esbozó una pequeña sonrisa. Se sirvió un trago y se
tumbó a mi lado.
-El orujo cura.- dije.
Estuvimos hablando casi toda la noche. Tan solo dormimos un
par de horas hasta que sol nos desvelara un nuevo día. Yo amanecí con el pene
particularmente sensible. Me sentía vulnerable, no tuve tiempo de levantarme y
calmar esta excitación cuando Jude saltó encima de mí, encima de mi eminente
pene, oculto en cierta manera por la gran colcha azul. Jude no se dio cuenta
que había caído encima. Jude reía a carcajadas presionando hacia abajo sobre
él. En todos estos años había sentido tal excitación.
Ella se levantó un instante a coger una pluma, y volvió a
subirse a horcajadas sobre mí. Me dio la pluma y me dijo que pensara en una
palabra y que se la escribiera en el brazo.
Yo no podía concentrarme lo único que notaba era su peso
sobre mí. Empecé a moverme mientras me reía, disimulaba mi excitación como
podía. La “Coleccionistas de Palabras” la llamaría!!
El ojo de la cerradura
Oía a través de la pared, el
clic de las teclas de su máquina de escribir, el golpeteo de los hielos en el
vaso, el chasquido del mechero y algún jadeo que otro. Pasó todo el verano con
el mismo ritual. Era puntual. Escribía unas cuantas hojas de poemas o lo que
escribiesen las mujeres, recargaba el vaso con hielo y ron, no fumaba, curioso.
Por que le gustaba la atmósfera densa que dejaba quemar las hojas de tabaco y
luego, después de todo eso, se masturbaba.
Era una delicia oírla empezar. Se colocaba en frente de un espejo victoriano de un marco grueso y dorado. Era
bien ancho y alto. Tenia una grieta que lo atravesaba de extremo a extremo.
Retocó sus labios de carmín. Dejó caer su blusa sobre la silla. Tenia un color
de piel dorado. Beso su hombro y acariciaba sus rodillas hasta recorrer sus
gruesos muslos. Con una mano pellizcó suavemente sus pechos y con la otra
separaba sus braguitas hacia un lado. Con el canto de la silla rozaba su sexo
en un ritmo constante. Esta vez alcanzó un hielo que no dudo en frotarlo por el
cuello, deslizarlo por sus benditos senos, rodear su ombligo hasta deshacerlo
en su sexo.
Creo que a veces sabía que yo la
observaba, aun ponía más empeño.
Anacronismo
“¿
Crees estar en el tiempo correcto?, ¿o en el siglo adecuado?.
Yo
no creo que este sea ni mi planeta. Aunque lo admiro.
Soy
una observadora de esta extraña dimensión.
¿Por
qué crees que soy mujer? Dime.
A
caso un tajo entre mis piernas me define.
¿Quieres
besarme los pechos? A mi sí. A mí me gustaría.
Disculpa,
Soy anacrónica. “
Estaba eligiendo unas películas en el viejo videoclub,
cuando su suave voz atravesó mis tímpanos. Esa fue la primera vez que oí y vi a
Lena. Tenía una larga melena pelirroja, algo enredada. Lucía un vestido mostaza
largo. Sus pecho eran menudos pero de punzantes pezones. Entre su escote
asomaba un triangulo tatuado.
¿Cómo dices?- fue
lo único que atine a decir entre una carcajada de vergüenza y desconcierto-
Me ponía nervioso, tenía una mirada tan penetrante que pudo
paralizarme con solo pensarlo. Mordisqueó sus rosados labios y cruzó la puerta
del viejo videoclub.
Eran las 22:45 y hacia un calor vengativo. Después de unos
segundos reaccioné. Solté las caratulas que cayeron en cascada de la estantería
y salí en su busca.
Sus pasos me condujeron a un callejón que había a la vuelta.
Estaba empapada. Su sudor se hacia mi aliado y me dejaba entre ver sus áureos
pechos. Sus ojos marcaban mis labios. Que con espasmos involuntarios se
acercaban a ella. Me dibujó un croquis en el aire. Sus dedos fueron mis guías.
La acorralé con mis manos y la empuje firmemente contra los sillares de la
pared. Le desabroché el vestido y empecé a babearle los pezones.
Querida Virginia.
Te escribo sentada en las viejas colmenas del abuelo, las de
madera.
He pensado en pintarlas. Quizá las tiña de colores. Espero
que al agua de la presa no las azote demasiado. Hoy el valle está en calma.
Tengo puesto esos pantalones cortos de flores que tanto usé en los veranos en
Gata. Te echo de menos. Echo de menos rebañar las colmenas contigo. La miel
sabe diferente a tu lado. Los Robles del camino viejo están secos. Ayer fui a
la caza de azafrán. Dispersas crecen sus flores y su color lila cada vez es más
vivo. Bajo todos los domingos a Trevejo.
Me siento en la misma piedra de siempre. Ayer leí un poema.
“ Porque todo es igual y tú lo sabes,
has
llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese
mismo gesto con que se tira un día,
con que
se quita la hoja atrasada al calendario
cuando
todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado
a tu casa,
y, al
entrar,
has
sentido la extrañeza de tus pasos
que
estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y
encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas
las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año,
y después,
te has
bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has
mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has
sentido solo,
humanamente
solo,
definitivamente solo porque
todo es igual y tú lo sabes. Luis
Rosales”
Al volver a casa imaginé tu silueta junto a la chimenea
hasta me supieron tus besos en mi cuello. Mi cuerpo recordó como apretabas tus
manos sobre mi vientre para dejarme caer encima de ti. Río al recordar la vez
que tuvimos que salir corriendo y escondernos en el carcomido armario del
abuelo. Aun huele a queso. Tapaste mi boca para que no pudiera oírse el jadeo.
Y eso me excitó. Creo que tú lo notaste por que rápidamente lanzaste tu otra
mano a mi sexo. Empezaste hacer esféricos círculos que a mi me volvieron loca.
Fue mi primer orgasmo.
Exagerada
Cae el sol.
Cae el sol en un alto medio día.
El termómetro dicta bajo cero.
La Antártida está tan próxima.
Me enamoro de un pasado que me dice quien soy.
*
- Vistes como nos miraban- se acercó al oído de él mientras pellizcaba sutilmente su vientre marcado.
- Vistes como ladearon el cuello la mesa de al lado.- se echó a reír.
- Fue un gran beso.- Delató él.
- Fue el mejor beso. Tan inesperado beso. Tan deseado beso.
Guardaron unos segundos en silencio.
- Eres tan exagerada.
-Y?... Soy exagerada por sentir un beso que no recibí, o por que tu mano no se puso en mi cintura y con el apretón que no me distes se me subió el vestido blanco de flores y se dejaron entre ver mis ligueros negros. Si, Soy Exagerada cuando no me tocas.
Cae el sol en un alto medio día.
El termómetro dicta bajo cero.
La Antártida está tan próxima.
Me enamoro de un pasado que me dice quien soy.
*
- Vistes como nos miraban- se acercó al oído de él mientras pellizcaba sutilmente su vientre marcado.
- Vistes como ladearon el cuello la mesa de al lado.- se echó a reír.
- Fue un gran beso.- Delató él.
- Fue el mejor beso. Tan inesperado beso. Tan deseado beso.
Guardaron unos segundos en silencio.
- Eres tan exagerada.
-Y?... Soy exagerada por sentir un beso que no recibí, o por que tu mano no se puso en mi cintura y con el apretón que no me distes se me subió el vestido blanco de flores y se dejaron entre ver mis ligueros negros. Si, Soy Exagerada cuando no me tocas.
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