domingo, 16 de febrero de 2014

La pintora.



Era la segunda vez que entraba en su casa.
Me gustaba la tonalidad que desprendía. Era sencilla y acogedora.
Nos fuimos directos a la cocina. Era amplia, con una caldera que me hizo recordar la casa de mi abuela. Abrió una de las puertas bajo la encimera. Saco una botella de un verde radiactivo, dos tazas, un poco de hielo y me condujo a su habitación.

Dios!! era una mujer desordena, había ropa encima de la cama, sobre su escritorios muchos papeles, pinceles y tubos de colores, unas estantería repleta de libros, cuadernos y una vaso con posos de té. Mientras ella servía aquel licor semejante al plutonio liquido. Yo indagaba y espiaba el entorno. Olía a cítrico. Su habitación conducía a un patio lleno de limoneros.
Un gato mestizo subió de un salto en la cama. Quedó mirándome fijamente como si estuviera advirtiéndome. Acerqué mi mano para que pudiera reconocerme pero mi olor seguramente ya se habría anunciado desde mucho antes.

Era una mujer misteriosa con una fragilidad desenmascarada pero me gustaba.
La cogí por la cintura y empecé a rozarme tras ella. Ella giró su cuello y beso un lado de mi boca. Fue un beso refrescante. Seguí por largo tiempo deleitándome del roce, olí su pelo, le mordisqueé la nuca y salivé su espalda. 
Mis manos permanecían en su cintura, hundía mis dedos sobre los huesos de su cadera. Tenía un cuerpo firme. Le di la vuelta y la senté sobre  la silla. Le quité el zapato. Me recreé en masajear sus pies. Di un sorbo de la taza. Pase mi lengua emborrachada por cada hueco de los pequeños deditos. Tenía pies menudos y preciosos. En el gran dedo tiene un anillo tatuado.  Seguía por su tobillo, me detenía en sus gemelos dando circulares movimientos, alcancé su rodilla la cual mordisqueé sin piedad, llegué a sus muslos en los cuales me retuve tanto tiempo.
Notaba la excitación de ella, antes de sobrepasar sus piernas, paré. Me levanté para rellenar las tazas. Quería llevarla al equilibrio entre la excitación y el desasosiego.
- Noooo- susurró.- No pares.
No pude evitar el reírme.

Empecé con el otro pie, le descalcé e inicié vertiéndole licor sobre el empeine, con un gesto acelerado lo absorbí, devorando cada dedo. Subí mordisqueándola. Alcancé de nuevo la rodilla, esta vez dio un grito, fue un muerdo exagerado. Me estacioné por largo tiempo en sus muslos. Pasaba de la ternura al magreo, intercambiando el ritmo. A veces la besa, otras la mordía, otras hundía mi cara en ellos. Di un lametazo a sus braguitas. Tenía la lengua casi tan dura como mi polla. Su respiración se aceleró y por ese instante sus dedos se clavaron en mis hombros. Volví a pasarle la lengua entre la hendidura de su coño, su olor era mezcla de varias especias que me transportaron a tierras arábigas. Mirando sus rasgados y excitados ojos le arranqué las bragas sin dudarlo. Exaltó un bullicioso y profundo gemido. Relamí todo en ella. Me encantaba verla rozarse sobre la cama, como se balanceaba en mi boca, seguí lengüeteándola.
Me cogió por la mandíbula con sus  manos y me elevó hacia su boca, me besó, me chupaba los labios. Quería saber a que sabían sus entrañas. Besé sus pechos que pronto reaccionaron al sentirme cerca. Divisé junto a ella un tubo de pintura. Sin vacilar me serví un poco de la pintura en la mano y desde su boca hasta la entrada de su coño dibuje un línea. Su piel se erizó. Volví a rellenar mi dedo y marqué el contorno de sus pechos con rojo tierra. Me tumbé sobre ella. No solo calcándome sus trazos. Compartimos la excitación y deseaba meterle la polla tan adentro que quería verla gritarme otra vez que no parase. Rozábamos nuestro cuerpo como cerdos en el barro.
Seguía dibujando por su piel las huellas de la mía. En un gesto brusco no pude evitarlo y la penetré, profundicé dentro de ella. En unos segundos nos quedamos inmóviles. Los cuerpos se volatilizaron. Su cuerpo fue el primero en reaccionar suplicando las sacudidas del mío. Entraba una y otra vez dentro de ella. Una y otra vez. Una y otra vez.
El ritmo alcanzó tantas tonalidades diferentes. El placer es desmesurado cuando se comparte.


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