Te escribo sentada en las viejas colmenas del abuelo, las de
madera.
He pensado en pintarlas. Quizá las tiña de colores. Espero
que al agua de la presa no las azote demasiado. Hoy el valle está en calma.
Tengo puesto esos pantalones cortos de flores que tanto usé en los veranos en
Gata. Te echo de menos. Echo de menos rebañar las colmenas contigo. La miel
sabe diferente a tu lado. Los Robles del camino viejo están secos. Ayer fui a
la caza de azafrán. Dispersas crecen sus flores y su color lila cada vez es más
vivo. Bajo todos los domingos a Trevejo.
Me siento en la misma piedra de siempre. Ayer leí un poema.
“ Porque todo es igual y tú lo sabes,
has
llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese
mismo gesto con que se tira un día,
con que
se quita la hoja atrasada al calendario
cuando
todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado
a tu casa,
y, al
entrar,
has
sentido la extrañeza de tus pasos
que
estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y
encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas
las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año,
y después,
te has
bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has
mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has
sentido solo,
humanamente
solo,
definitivamente solo porque
todo es igual y tú lo sabes. Luis
Rosales”
Al volver a casa imaginé tu silueta junto a la chimenea
hasta me supieron tus besos en mi cuello. Mi cuerpo recordó como apretabas tus
manos sobre mi vientre para dejarme caer encima de ti. Río al recordar la vez
que tuvimos que salir corriendo y escondernos en el carcomido armario del
abuelo. Aun huele a queso. Tapaste mi boca para que no pudiera oírse el jadeo.
Y eso me excitó. Creo que tú lo notaste por que rápidamente lanzaste tu otra
mano a mi sexo. Empezaste hacer esféricos círculos que a mi me volvieron loca.
Fue mi primer orgasmo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario