Llegué en una noche calmada.
Hacía cierto relente en el ambiente.
Una humedad desconocida me recibía.
Las ropas se pegaron a mi cuerpo con la misma rapidez con la que se genera el vacío.
Los poros exudaron agua, ganas tenia la piel de vaciarse, de descargarse. A veces pesa tanto todo.
Los pequeños cráteres de mi cuerpo se conviertes en grandes mares, grandes mares que pueden albergar cualquier jugo.
***
Lo único que recuerdo es haberle tapado los ojos con un trozo de tela que arranqué, creo que de una de las ventanillas del tren que nos acercó a Machico. Bendigo y Maldigo el vino de madeira.
Todo me daba vueltas, yo giraba en el otro sentido solo por llevar la dulce contraria. Siempre se me dio bien eso de salirme con la mía. Encendí la veterana radio que el anfitrión tuvo el detalle de dejarme en el cuartucho.
Ese viejo aldeano sabia que la música amansa. Acerté a girar la manilla y sintonizar alguna buena frecuencia.
Zas! Suena Cherish the day- Sade. Un ardor recorre mi estómago. Mis venas se dilatan aun mas. Empiezo a sudar. Un calor inmenso me nace desde los pies hasta la nuca. Mi instinto es buscar algo líquido. Algo que sacie mi primer deseo. Prefiero algo de alcohol pero la última botella del restaurante nos la fuimos bebiendo a medias entre el tren y las inmensas,incalculables, grandiosas, infinitas, colosales, exorbitantes, gigantescas, ilimitadas, incontables, innumerables montañas de la isla.
Entre mi estado ebrio y achispado, la acertada música, el paraje tropical, ese hombre que andaba fielmente con los ojos vendados y mi deseo de liquido. Estaba muy excitada. Dancé hacia él con el ritmo de Sade. Baile cerca, pegué mi cuerpo ante el suyo. Le rodeé con mis brazos por el cuello. Le mordí el labio con la intención de marcarle un nuevo destino.
Esta vez iba a por mi propia cascada. La ducha. La ducha era una canaleta de caña y la boca de la misma una muy lograda alcachofa de plástico de botella agujereada. Até la cuerda a mi muñeca que era el mecanismo que activaba aquella obra de ingeniera. La gravedad hacia lo demás. Él llevaba unos vaqueros desgastados que le sentaban de vicio y una camiseta ocre. Lo agarré fuerte, lo metí en la ducha y accioné la cascada. El agua era dulce, tenia cuerpo. Nos empapó de inmediato. El desvistió sus ojos. Se lanzó a mi boca y con ágil desesperación me arrancó el vestido. Acarició todo mi cuerpo. Asegurándose de que estuviera bien mojada. Enjabonó sus manos que luego fueron a parar por todo mi cuerpo, se deleito en mi detallado coño, con tal amor inicio el juego que creí casi haberme estremecido. Siguió por largo rato acariciando el centro de mi cuerpo. Besé y mordí con fuerza su boca, hombro, brazo...me fundí con toda aquella magia de agua y energía.
En un gesto brusco le arrebaté la camiseta y lamí todo su torso, le absorbí con pequeños besos.
Desabroché el cinturón y con suma paciencia fui desabotonando el vaquero. Antes de que cayera, enlacé mi mano en su pene. Incliné mi cuerpo hasta hacerme del suyo. La canaleta expulsó agua con mas intensidad, golpeándonos. Mi boca se abrió paso por aquel reguero. Lamí de principio a fin todo lo que él me había mostrado. Le sorbí. Quería consumirlo entero. Me recreé también por largo tiempo. Nunca tuve prisas en hacer lo que me gusta.
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