- Me gustan tus manos, son grandes y ásperas.- Murmuré
acompañada de una carcajada. Le di un sorbo al vino.
- Son manos
normales.- me respondió mientras se las miraba.
- Se puede saber
mucho de una persona con tal solo mirar sus manos.- le sonreí.
-Así? Y que dicen las
mías?- retándome.
- Eres…- mientras le
daba vueltas a sus manos.- Eres desconfiado pero arriesgado, bondadoso, y
quizás algo solitario, tus manos son duras. Tu también.-
Seguí observándole
una de las manos, la otra se escapó bajo la mesa hasta alcanzar mi muslo. Su
mano acaparó todo el ancho de mi pierna. Desabrochó sin quererlo una de las
tiras que amarraba mi media.
- Y que mas soy…- me
demandó mientras clava sus ojos en los míos. Entretanto su ávida mano se
acercaba más al centro de mi cuerpo.
- Voraz, ambicioso,
insaciable.- declaré tras un largo suspiro.
Su mano se adhería
cada vez más a mi pierna, la fuerza de su trayectoria me enrojecía la piel. Sus
dedos dieron un salto de atleta hasta colarse por dentro de mis braguitas.
Yo arqueé mi espalda
para facilitarte la aproximación de mi coño. Y allí en medio del salón del
restaurante bajo la mirada de las tres nerviosas y cínicas mesas me corrí en su
vasta y ancha mano.
Uno de los maitre se
acercó y nos invitó a marcharnos.
Me agarraste de la
mano y salimos corriendo y riendo. Me sentí libre, humana, animal y lo salvaje
de mis ancestros se arremolinaron en mi vientre.
- Y ahora que te
dicen mis manos?- decia mientras manoseaba mis pechos y besaba mi cuello.
Curioso relato...
ResponderEliminar