domingo, 16 de febrero de 2014

La cena



- Me gustan  tus manos, son grandes y ásperas.- Murmuré acompañada de una carcajada. Le di un sorbo al vino.
- Son manos normales.- me respondió mientras se las miraba.
- Se puede saber mucho de una persona con tal solo mirar sus manos.- le sonreí.
-Así? Y que dicen las mías?- retándome.
- Eres…- mientras le daba vueltas a sus manos.- Eres desconfiado pero arriesgado, bondadoso, y quizás algo solitario, tus manos son duras. Tu también.-
Seguí observándole una de las manos, la otra se escapó bajo la mesa hasta alcanzar mi muslo. Su mano acaparó todo el ancho de mi pierna. Desabrochó sin quererlo una de las tiras que amarraba mi media.
- Y que mas soy…- me demandó mientras clava sus ojos en los míos. Entretanto su ávida mano se acercaba más al centro de mi cuerpo.
- Voraz, ambicioso, insaciable.- declaré tras un largo suspiro.

Su mano se adhería cada vez más a mi pierna, la fuerza de su trayectoria me enrojecía la piel. Sus dedos dieron un salto de atleta hasta colarse por dentro de mis braguitas.
Yo arqueé mi espalda para facilitarte la aproximación de mi coño. Y allí en medio del salón del restaurante bajo la mirada de las tres nerviosas y cínicas mesas me corrí en su vasta y ancha mano.
Uno de los maitre se acercó y nos invitó a marcharnos.
Me agarraste de la mano y salimos corriendo y riendo. Me sentí libre, humana, animal y lo salvaje de mis ancestros se arremolinaron en mi vientre.

- Y ahora que te dicen mis manos?- decia mientras manoseaba mis pechos y besaba mi cuello.


1 comentario: